Si te dijera que una roca puede funcionar como una cápsula del tiempo, quizás levantarías la ceja con escepticismo. Pero eso es exactamente lo que hacen los granitos: almacenan, en su composición química y en los cristales de sus minerales, registros precisos de cómo, cuándo y dónde se formaron. En la región de Guadalcazar, al noreste del estado de San Luis Potosí, existe un macizo granítico que ha intrigado a los científicos durante décadas, en parte porque sus rocas son la fuente de una mineralización poco común que combina estaño, mercurio, plata y flúor. Un equipo internacional de investigadores decidió ir más a fondo, y lo que descubrieron reescribe parte de la historia geológica del centro de México.
Los granitos son, a grandes rasgos, rocas ígneas que se forman cuando el magma se enfría muy lentamente en las profundidades de la corteza terrestre. A diferencia de los volcanes que expulsan lava a la superficie, los granitos «se quedan adentro», solidificándose kilómetros bajo tierra durante miles o incluso millones de años. Con el tiempo, la erosión y los movimientos geológicos los van exhumando hasta que los podemos ver y tocar. El granito de Guadalcazar pertenece a una categoría especial llamada granito tipo A —la «A» hace referencia a ambientes anorogénicos o extensionales—, lo que ya de entrada nos dice algo muy importante: esta roca no nació en una colisión de placas tectónicas, sino en un momento en que la corteza de México se estaba estirando, como si la tierra se abriera lentamente.
Para determinar la edad exacta de estas rocas, los investigadores utilizaron una técnica llamada geocronología U-Pb en circón, una de las herramientas más precisas que existen en las ciencias de la Tierra. Los circones son minerales extremadamente resistentes que capturan uranio en el momento en que cristalizan; con el tiempo, ese uranio decae en plomo a una tasa conocida, lo que permite calcular la edad de la roca con una precisión impresionante. Los resultados mostraron que el granito de Guadalcazar se emplazó hace aproximadamente 31 millones de años, durante el Oligoceno. Además, su geoquímica —es decir, la concentración y distribución de docenas de elementos químicos— reveló que estos magmas se originaron a partir de la fusión de rocas metasedimentarias profundas, las cuales evolucionaron luego mediante un proceso conocido como cristalización fraccionada: conforme el magma se enfriaba, iban cristalizando diferentes minerales en secuencia, modificando la composición del material restante.
Uno de los hallazgos más relevantes de este estudio tiene que ver con el contexto tectónico en el que se generó este granito. Los datos geoquímicos apuntan a un ambiente de rift continental o intraplaca, lo que implica que entre hace 34 y 28 millones de años, la Mesa Central de México experimentó un episodio de extensión cortical significativo. En otras palabras, la corteza se adelgazó y se fracturó, permitiendo que el calor del manto ascendiera y fusionara rocas profundas de la corteza. Este magma generado en las profundidades ascendió y se emplazó en la parte superior de la corteza continental, dando origen al granito que hoy vemos en Guadalcazar. No es casualidad que en ese mismo período existieran condiciones para que el magma interactuara con fluidos hidrotermales ricos en metales, concentrando los depósitos de estaño, mercurio y plata que hicieron famosa a esta región.
La importancia de estudios como éste va mucho más allá de resolver una curiosidad geológica local. Comprender el origen y la evolución de las rocas graníticas es fundamental para entender cómo creció la corteza continental de nuestro planeta a lo largo del tiempo geológico. Además, tiene implicaciones prácticas muy concretas: saber en qué tipo de ambiente tectónico se formaron estos granitos y cuál fue la fuente de sus fluidos ayuda a los geólogos a predecir dónde pueden existir otros depósitos minerales similares. El granito de Guadalcazar, lejos de ser una roca «aburrida», resulta ser un archivo extraordinario que conecta la historia del interior de la Tierra con la historia de las personas que durante siglos han buscado en ella sus minerales.
Referencias:
- Verma, S.K., Torres-Sánchez, D., de León Hernández, D.A., Oliveira, E.P., Hernández-Martínez, K.R., Torres-Sánchez, S.A., Torres Hernández, J.R., Moreno, J.A., Shukla, M., & Malviya, V.P. (2022). Petrogenesis and geodynamic implications of Oligocene A-type granite in the Guadalcazar area, San Luis Potosí, central Mexico. Journal of Iberian Geology. https://doi.org/10.1007/s41513-022-00201-7
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