Es una de las preguntas más clásicas pero menos comprendidas. La sal del océano no apareció por arte de magia; es el resultado de miles de millones de años de erosión y procesos químicos entre el agua y la tierra firme.
Cuando llueve, el agua (que es ligeramente ácida por el CO2 atmosférico) disuelve minerales de las rocas. Estos minerales se convierten en iones (como el sodio y el cloruro) que los ríos transportan diligentemente hacia los océanos.
Una vez en el mar, el agua se evapora para volver a formar nubes, pero los minerales se quedan atrás. Con el paso de los siglos, la concentración de estos iones ha aumentado hasta darnos el agua salada que conocemos hoy.
Pero los ríos no son los únicos culpables. Las chimeneas hidrotermales en el fondo marino también expulsan minerales disueltos directamente desde el interior de la Tierra, enriqueciendo este «caldo» salino.
Curiosamente, la salinidad del mar se mantiene bastante estable. El océano tiene sus propios mecanismos para eliminar el exceso de sal, depositándolo en el fondo o mediante reacciones con las rocas volcánicas submarinas.
Referencia:
- Millero, F. J. (2013). Chemical Oceanography. CRC Press.
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