Nada en la Tierra es permanente, ni siquiera las montañas más altas. El ciclo de las rocas es el proceso de transformación constante de la corteza terrestre, donde el material se crea, se destruye y se reforma en un bucle infinito.
Todo empieza con el magma. Cuando se enfría, se convierte en roca ígnea. Pero la lluvia, el viento y el tiempo la desmoronan en pequeños sedimentos que viajan hasta el fondo del mar, formando capas de roca sedimentaria.
Con el tiempo, estas capas se hunden y quedan atrapadas bajo una presión y calor brutales. Aquí es donde ocurre la magia: la roca se «cocina» y se transforma en roca metamórfica, cambiando su estructura química sin llegar a derretirse.
Finalmente, si esa roca baja lo suficiente hacia el manto, se derrite de nuevo en magma, cerrando el círculo. Es un sistema de reciclaje perfecto que tarda millones de años en completar una sola vuelta.
Al observar una piedra, no solo ves un objeto inerte; estás viendo una cápsula del tiempo que nos cuenta la presión, el calor y los eventos climáticos que sufrió el planeta hace eones.
Referencia:
- Tarbuck, E. J., & Lutgens, F. K. (2017). Earth: An Introduction to Physical Geology.
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