Cuando pensamos en geología, solemos imaginar montañas, desiertos o volcanes. Pero en realidad, la mayor parte de la superficie terrestre —más del 70 %— está cubierta por los océanos. Debajo de esas aguas inmensas se esconde un paisaje geológico tan variado como el de los continentes: montañas, valles, llanuras y volcanes submarinos que forman parte del fondo oceánico.
El fondo del océano se compone principalmente de corteza oceánica, una capa delgada pero densa de roca basáltica formada en las dorsales oceánicas, donde el magma asciende y crea nueva corteza. Es allí donde el planeta literalmente “se renueva”, empujando los continentes y generando la expansión del fondo marino.
También existen fosas oceánicas, zonas profundas donde una placa tectónica se hunde bajo otra. En esos lugares, el fondo del mar puede alcanzar más de 10 km de profundidad, como la famosa Fosa de las Marianas. Y no todo es roca: los sedimentos marinos, formados por restos de organismos y partículas arrastradas desde los continentes, cubren gran parte del lecho oceánico.
La geología marina ha sido clave para entender la tectónica de placas, uno de los grandes avances del siglo XX. Los estudios del magnetismo de las rocas del fondo oceánico ayudaron a confirmar que las placas se mueven y que la Tierra está en constante transformación.
Así que la próxima vez que contemples el mar, recuerda que bajo esas aguas se encuentra un mundo geológico en movimiento, lleno de historia y procesos fascinantes que mantienen vivo a nuestro planeta azul.
Referencias:
- Tarbuck, E. J., Lutgens, F. K., & Tasa, D. (2017). Earth: An Introduction to Physical Geology. Pearson.
- Seibold, E., & Berger, W. H. (2017). The Sea Floor: An Introduction to Marine Geology. Springer.
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